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Huilango la comunidad cafetalera de la región de Atlixco

Por. Angelina B. Gradas
07/03/2026 10:40:22 PM
Tochimilco. San Francisco Huilango es una comunidad del municipio de Tochimilco en la que al menos el 75 por ciento de las casas tienen en sus huertas de traspatio matas de café criollo del tipo arábigo y de calidad debido a que es un fruto que se da a mil 800 metros de altura y la cadena productiva es completamente artesanal.
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Sin embargo, desde hace tres años, primero de forma grupal y ahora en lo individual, los pequeños productores siguen picando piedra para posicionar este producto entre los mejores de la entidad poblana, lamentablemente no cuentan con la denominación de origen lo que junto a que no son suficientes miembros en cada familia no les permite acceder a programas productivos para hacer crecer esta actividad económica.
Miriam Matamoros Rivera, pequeña cafeticultora, relató que hace tres años se había conformado un grupo de mujeres con huertas cada una para poder lograr posicionar una marca y dejar de ser presas de los revendedores que llegaban a pagar a bajo costo el grano para después mezclarlo y revenderlo más caro en ciudades como Atlixco, Puebla y la capital del país.
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En enero de este año decidió retomar esta iniciativa de forma individual y está en la búsqueda de los caminos para lograr apoyos para este poblado, pues aseguró que el café es de todos pues ha estado aquí desde que los primeros pobladores de Huilango lo trajeron y lo sembraron.“Comenzamos a trabajar hace tres años la parte del café, lo que pretendíamos al inicio es generar un producto a partir de este cultivo, conforme hemos ido trabajando hemos ido conociendo algunos aspectos que tenemos que mejorar para no solo cosechar sino generar cadena productiva”, compartió.
Ahora además vende la experiencia pues de manera directa ofrece recorridos por las huertas, el taller de procesamiento del grano hasta llegar a ponerlo en la taza y al final un poco de la gastronomía local.
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Es a través del llamado turismo comunitario que encontró una ruta más para dar a conocer su café y su comunidad; “Es un área de oportunidad puesto que la mayoría de la gente que nos ha visitado ha sido fuera del estado de Puebla, eso quiere decir que el trabajo que hacemos en comunitario si llama la atención”.
Tras aventarse a este emprendimiento sigue soñando y espera poder consolidar una propuesta turística más completa, que incluya tener el espacio suficiente para almacenar, el taller, área de comida y hospedaje, en esta huerta que en honor a su madre lleva por nombre “El Refugio”.
“En enero se platicó sobre el proyecto para que la gente se quedase a recorrer nuestra comunidad, que es uno de los objetivos, mostrar nuestra identidad. De hecho, me hicieron un diseño bonito, optimizando el espacio, el problema es el recurso, me costaba un millón de pesos para hacerlo de manera sustentable y no tengo el recurso”, compartió.
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Sin embargo, ella está empezando poco a poco porque eso no le quita las ganas de intentarlo así sea ladrillo por ladrillo, aunque reconoció que es difícil porque no hay más sostén económico que el propio y el apoyo de su familia.
Destacó que este sueño que tiene es con la intención de que los visitantes conozcan que el proceso es laborioso y completamente artesanal con ello valoran el costo del café de esta zona de la región de Atlixco que es 100 por ciento puro pues no tiene aditivos ni ingrediente de más.
Es un café con sabor único y se dijo muy orgullosa de su cultivo; “Me gusta mucho trabajarlo, los vecinos la comunidad lo conoce como criollo, porque desde que tenemos razón las plantas han estado aquí, lo lleve a catar me dijeron que la variedad es típica arábiga, uno de los mejore cafés y muy antiguos, se suma la altura pues crece a más de mil 800 metros sobre el nivel del mar, café de muy buena altura, tiene mejores especificaciones en cuanto al aroma el color que tiene a la hora de prepararlo, es un muy buen café. No queremos hacer combinaciones, preferimos preservar la misma variedad, porque de esa forma se preserva la identidad”, dijo Miriam.
El arraigo a la tierra que los vio nacer tanto a ellos como estas matas de café es lo más importante para la cafeticultora: “nuestra tierra que tanto queremos, nuestra tierra que tanto estamos dispuestos a cuidarla hacemos el llamado que valoremos el campo, el trabajo de quienes lo trabajan, todo el esfuerzo a veces económicos otras veces físicos y pues si podemos lograr grandes cosas si nos lo proponemos, yo pongo mi granito de café para que nuestro cultivo no se pierda”, puntualizó.
“El proceso que tenemos es natural, no lavamos ni fermentamos ni otro proceso, nosotros cosechamos las cerezas; posteriormente se hace una flotación que es echar al agua y toda la cereza que flota la retiramos, esos granitos no sirven, eso garantiza que nuestro grano vaya con mejor calidad. De ahí ponemos a escurrir en arandas unos 15 a 20 días, dependiendo del sol, para que tengan una humedad del 20 al 25 por ciento, este seco y para que no cueste pelarlos con el molino de mano y posteriormente con ventilador, retiramos las basuritas más pequeñas”, detalló
Una vez que se tiene el granito hacen otra selección para retirar lo que llaman defectos, todo lo que son granos que no lograron madurar, están rotos o tienen otro color diferente y los que pasan esa revisión los llevan a tostar en cazuela de barro o comal de barro.
“En lo personal lo hago en cazuela porque me permite un movimiento más rápido y que mi grano sea más parejo en el tostado, en comal se me dificulta se tarda más en hacer el volteo y es disparejo el tostado, pero se trabaja de dos maneras. Una vez que ya lo tenemos tostado, una tercera selección, quizás algunos granos se pasaron, que son menos oscuros que las demás que se retiran. Es artesanal, pero con la mayor calidad que se pueda, porque eso no está peleado. Ya cuando lo tenemos regresamos al molinito, lo molemos para entregarlo así o preparado en taza”, relató.



